Crisis para la transmutación. Desde el 2001 hacia el nuevo milenio en el arte contemporáneo argentino

 Crisis para la transmutación. Desde el

 2001 hacia el nuevo milenio en el arte

 contemporáneo argentino


   Guadalupe Pérez

¿Es posible pensar que de la crisis social, económica y política del 2001, se desprende una crisis individual cuyo refugio es la espiritualidad? ¿Y, a su vez, pensar estas crisis como hechos que han reconfigurado el arte contemporáneo argentino para siempre?. El caso de la muestra “Luz y Fuerza. Arte y espiritualidad en el nuevo milenio” realizada en Malba en 2023 y curada por Lara Marmor nos permite esbozar una respuesta afirmativa. Los 19 artistas que integran esta muestra, en su mayoría argentinos, no solo son herederos del estallido del 2001, sino también de la exhibición El Tao del Arte (realizada en el Centro Cultural Recoleta en 1997) a nivel local, así como también del colapso socio-ambiental mundial. En palabras de Marmor ellos son quienes exploran la espiritualidad en un escenario con pocas certezas. Es esta incertidumbre la que nos da un indicio de la reconfiguración del arte contemporáneo que se propone dar cuenta en este análisis. Otro indicio (de la reconfiguración) tiene que ver con las materialidades artísticas, enmarcadas en la narrativa curatorial como contemporáneas, que van a dar cuenta del vacío del hombre en el mundo actual. 

Este trabajo tiene como objeto de estudio la articulación entre el arte contemporáneo argentino y la espiritualidad tal como la propone la muestra “Luz y Fuerza. Arte y espiritualidad en el nuevo milenio”para tratar de responder si es posible pensar que el arte contemporáneo argentino necesita de la espiritualidad como una condición necesaria para reconfigurarse y definirse como tal a partir de las crisis sociales, económicas y políticas del año 2001. Para ello recurrimos al concepto de arte contemporáneo a través de las reflexiones realizadas por Cesar Aira  en la conferencia de la Bienal de La Habana del año 2010 (2016) y al artículo de Boris Groys “La topografía del arte contemporáneo” (2009) y a las definiciones propuestas por la narrativa curatorial sobre la espiritualidad. Nuestro corpus está conformado por el dossier de la muestra,  así como también por las notas periodísticas de tres medios locales (Clarín, La Nación e Infobae)  y, por último, por el conversatorio inaugural deLara Marmor junto a Nancy Rojas disponible en Youtube (https://www.youtube.com/watch?v=lTYmZNvxl6A).  Las obras son artefactos artísticos (Genette, 1989) que representan un aspecto del mundo. La propuesta es analizar cómo se reconfigura los aspectos propios del arte contemporáneo según Aira y Groys al pasar por el filtro de la espiritualidad y ver si estás condiciones son esenciales para enmarcar al  arte contemporáneo argentino.

Hay un pasado, claro está, que constituye el presente. En el arte contemporáneo, este presente adquiere una peculiaridad: se vuelve eterno. De ello dan cuenta tanto César Aira como Boris Groys en sus respectivos textos. Para la periodista Celina Chatruc, ese pasado —diciembre de 2001— funciona como un portal simbólico; atravesarlo implica aceptar que la perspectiva histórica se ha desvanecido y que los valores están en permanente gestación (Aira, 2016). Esta idea nos permite pensar en una reconfiguración del arte contemporáneo a partir de ese momento bisagra. El mapa de la situación social, económica y cultural de la Argentina se traza a través de la construcción de la figura de artista que presenta esta exhibición: nacidos entre los años 70 y fines de los 80, atravesaron la primavera alfonsinista, vivieron la convertibilidad y las privatizaciones de los años 90, y comenzaron a formar parte de la escena artística a partir de los 2000. Este recorrido también los sitúa dentro de determinados consumos culturales, tanto en lo musical  como en las artes visuales. Sin duda, han recibido el legado de El Tao del Arte  —muestra reconocida como paradigma estético de aquellos años— como parte del camino espiritual que cada uno ha forjado, caracterizado, por sobre todas las cosas, por la incerteza. 

Volviendo al 2001, en la charla inaugural entre Lara Marmor y Nancy Rojas se destaca el cambio de paradigma que ese año significó, y cómo esta generación de artistas —que sale a la calle, se profesionaliza, trabaja en grupo, utiliza materiales disponibles (incluso basura), y crea espacios autogestionados— parte, además, de crisis personales que en este presente (en el arte contemporáneo el tiempo siempre es presente) podemos pensar que se reactualizan constantemente porque están en permanente gestación como diría Aira. En el conversatorio se resalta particularmente las piezas exhibidas por Carlos Herrera, (imagen 1) mención que también aparece en la nota de La Nación. Tanto el texto de sala como el dossier de la muestra revelan que surge tras haberse peleado con su religión de origen, y que encuentra en ella (piezas que forman parte de la serie "Ave Miseria", 2016) un modo de construir su propia escena de fe. Ese modo es una de las tantas variantes de la espiritualidad que da cuenta la exposición. La nota de Gabriela Schevach para Infobae amplía esta lectura no sólo en relación a los materiales que utiliza (plumas, heno, ropa y telas varias combinadas con objetos personales y encontrados) sino que las define como esculturas que el artista reconfigura en cada montaje, y que muchas veces funcionan como marco de sus performances. Con este caso comenzamos a vislumbrar con mayor claridad ese presente eterno que es el arte contemporáneo que “ya no se asume como heraldo del futuro, del devenir futuro del tiempo, sino como realización lisa y llana en el presente”. (Aira, 2016) 


“Luz y Fuerza es el sindicato de trabajadores de la energía eléctrica, y también el nombre que hoy y aquí agrupa a artistas (...)”. No solo Luz y Fuerzaes, sino que hoy y aquí también es otra cosa. La contundencia de esta frase de Marmor sobre el momento presente aparece únicamente en el dossier.  Es una afirmación que implica una presentificación del presente: el presente que se expone a sí mismo (Groys, 2009). Esta muestra ha sido pensada no sólo en relación con exposiciones anteriores de la institución, sino también con futuras, como si todas pertenecieran al mismo tiempo: el presente. Es Nancy Rojas quien da cuenta de esta idea durante el conversatorio inaugural, al señalar que en exposiciones anteriores ya se ha abordado esta temática, y que también lo será en futuras muestras. En ese marco, hace referencia a la retrospectiva de la artista Cecilia Vicuña.  Entendemos las palabras de Rojas como una manifestación de ese presente expandido propio del arte contemporáneo, donde lo que ya ocurrió y lo que está por venir se integran en una misma temporalidad delineada por la espiritualidad. Retomando a Groys: “el arte contemporáneo se expone a sí mismo y privilegia el presente por sobre el pasado o el futuro” (2009). Consideramos relevante señalar que la mayoría de las obras expuestas ya han tenido una existencia pública previa. Otro aspecto que consideramos necesario destacar es que la muestra aún permanece disponible en el sitio web del museo, lo que permite realizar un recorrido virtual. Se trata de una exposición que no solo se desarrolló, sino que sigue desarrollándose y lo seguirá haciendo. Un tiempo histórico que se repliega sobre sí mismo, reafirmando la lógica del presente continuo que atraviesa al arte contemporáneo. 

La incertidumbre permite el encuentro con la espiritualidad en todas sus variantes, Marmor habla de la superposiciónde creenciasque permite una apertura a la experimentación y a la ruptura de los binomios hombre/naturaleza, racionalidad/espiritualidad, mente/cuerpo para poder dar cuenta, sin dejar el humor y la ironía de la lado, de una búsqueda espiritual más profunda. Un criterio deliberadamente vasto y ecléctico, lo va a denominar Susana Reinoso en su nota del diario Clarín, así como una convivencia heterodoxa. Esta superposición no es solo de creencias sino también de materialidades y de conceptos sobre el arte y la vida. Si bien observamos el caso de Carlos Herrera a continuación, se aborda uno (son dos en total) de los artefactos artísticos que elabora Martín Legón en 2021 “Sin título” cuyo paratexto  decide resaltar las palabras del artista en cuanto a su elaboración material para dar cuenta de la superposición que habilita la espiritualidad: “Son publicidades originales, realizadas con fotos genéricas donde la referencia al ‘arte’ como epifanía de estabilidad emocional se fuerza, incluso hasta un límite paródico”. Controlar la depresión es todo un arte podemos leer en la parte superior derecha de dicho collage y en el extremo opuesto la marca del laboratorio Bagó(imagen 2). 



La obra posee una existencia precaria, ya que está siempre sometida a una tensión entre el antes y el después, subserviente a un guión que oculta, como un secreto, su belleza y su encanto (Aira, 2016). Todas las obras que conforman esta muestra pueden dar cuenta de esta afirmación. Ya mencionamos a Carlos Herrera y a Martin Legón, ahora incorporamos a Diego Bianchi, cuya escultura permite ampliar la noción de guión como sostén de esa precariedad inherente a la existencia de la obra. En la narrativa institucional se destacan las siguientes palabras sobre la pieza expuesta (imagen 3): “En 2010, Bianchi inauguró Ejercicios espirituales (...) Algunas de las preguntas que motorizaron la realización del conjunto, del cual la pieza presente formó parte, han sido (...)”. Estas marcas evidencian no solo su existencia pública pasada sino que, además, ese guión previo se reactualiza en el presente debido a que el -actual- guión lo toma y le otorga una nueva vida. Buscando más huellas sobre este nuevo guión encontramos en la nota de La Nación a Bianchi definido como “gurú” y puente entre esta exposición y otra recientemente inaugurada en Buenos Aires  y que la obra, Vadaconasana,  ha sido caracterizada como un “tótem meditador”. En Infobae se cita la siguiente afirmación del artista: “Me gustaba la idea de contraponer algo material y algo espiritual, pensarlo como una clase de yoga en un contexto donde sucede una catástrofe, con personajes luchando con sus cuerpos y su alrededor”.  Si bien Aira reflexiona sobre la precariedad como una condición que quizás siempre haya acompañado a la obra de arte, en el aquí y ahora de este ensayo nos permitimos enmarcarla como un factor constitutivo de la contemporaneidad al integrarla a ese presente eterno del que hablamos en los párrafos anteriores.


De forma muy breve, nos interesa señalar otro elemento constitutivo en la definición de arte contemporáneo propuesto por Aira (2016): el Enemigo del Arte Contemporáneo . Si bien, debido al corpus seleccionado, este aspecto queda pendiente para una futura investigación con otro tipo de enfoque, consideramos pertinente mencionar como un indicio cierto enunciado que aparece en una de las reseñas periodísticas. Nos referimos al texto de Reinoso para Clarín, donde se traza una analogía entre la muestra y la expresión ‘la Biblia y el calefón’ al afirmar que “bajo el título de ‘nuevas espiritualidades’, no todo lo que se exhibe es literalmente de índole espiritual”. El enunciado pone en cuestión la coherencia entre las obras exhibidas y el concepto curatorial. Esta observación puede ser leída como una forma incipiente de delinear la figura del Enemigo del Arte Contemporáneo en el sentido propuesto por Aira: aquella voz que señala, disiente o tensiona el discurso del arte contemporáneo desde dentro del mismo campo.

A modo de conclusión, podemos afirmar que la propuesta narrativa de la curaduría invita a reflexionar sobre la superposición de creencias, prácticas y saberes vinculados a la espiritualidad. Una espiritualidad que no remite a una religiosidad tradicional, sino que opera como una reconfiguración tanto estética como existencial del arte contemporáneo en el contexto argentino del nuevo milenio, especialmente a partir del año 2001. Tal como señala Marmor, este proceso está atravesado por el eclecticismo y la contradicción, ya que tanto el arte contemporáneo como la espiritualidad escapan a toda clasificación fija y se manifiestan en formas múltiples, cambiantes e inasibles. De allí que toda definición deba mantenerse abierta, en expansión. Los aspectos teóricos que hemos retomado de Aira y Groys —el eterno presente, la precariedad de los objetos y la figura del enemigo— nos han permitido sostener y confirmar nuestra hipótesis: la espiritualidad, tal como se presenta en la narrativa curatorial de Luz y Fuerza y en las obras que la integran, puede ser comprendida como una forma de reconfiguración del arte contemporáneo argentino, en respuesta a las múltiples crisis —sociales, individuales y ecológicas— que se intensificaron desde 2001. Como afirma la nota de Clarín: “Una vez que la burbuja estalló, desde el arte comenzó una exploración hacia nuevos sentidos”.


Corpus

- Aira, C. (2016) Sobre el arte contemporáneo seguido de En La Habana. Random House.
- Groys, B. (2009). “La topografía del arte contemporáneo”. Anatomies of Art and Culture. Modernity, Postmodernity, Contemporaneity. Duke University Press. 
-Dossier: disponible on line https://www.malba.org.ar/evento/luz-y-fuerza/ 
-Conversación inaugural: Luz y Fuerza. Arte y espiritualidad en el nuevo milenio youtube https://www.youtube.com/watch?v=lTYmZNvxl6A
-Notas periodísticas: 
     ●Luz, fuerza y algo de fe: el Malba apela al arte para dar lo que necesita un mundo colapsado Por Celina Chatruc La Nación, 10/07/23
     ●Cuando de nada nos sirve rezar: el Malba y una propuesta sobre espiritualidad y arte. Por Susana Reinoso. Clarín, 13/07/23
    ●“Luz y Fuerza”, una espiritualidad contemporánea del arte se revela en el Malba por Gabriela Schevach Infobae, 19/07/2023

Bibliografía

-Giunta, A. (2014) ¿Cuándo empieza el arte contemporáneo?. Fundación arteBA

-Hartog, F. (2007) Órdenes del tiempo, regímenes de historicidad. En Regímenes de historicidad. Universidad Iberoamericana.

-F. Lebenglik, G. Bruzzone (2023) Arte Argentino de los años noventa. Ed.: Adriana Hidalgo

- Moyinedo, S. Supervivencia de los artefactos. En: De la artificación. Buenos Aires: Libros UNA (en prensa). 






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