El vaivén de los arcanos: Apropiación y creación en el Dalí Tarot desde la perspectiva de los movimientos centrífugo y centrípeto

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Para la jornada de investigacion de estudiantes en el Area transdepartamental de Critica en la UNA presente una version acotada la ponencia  El vaivén de los arcanos: Apropiación y creación en el Dalí Tarot desde la perspectiva de los movimientos centrífugo y centrípeto

A continuación la version etendida del ensayo académico realizado para  la entrega del seminario Problemáticas del arte moderno I. Las vanguardias artísticas. Teoría e historiografía (2025) de Maestría de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo. Universidad Nacional de las Artes - Área Transdepartamental de Crítica de Artes “Oscar Traversa”


 El vaivén de los arcanos: Apropiación y creación en el Dalí Tarot desde la perspectiva de los movimientos centrífugo y centrípeto

Introducción

El tarot ha estado presente en el Surrealismo desde los inicios del movimiento. Para quienes no estén familiarizados con esta disciplina esotérica, puede resultar sorprendente la estrecha relación que mantiene con la producción surrealista, tanto en mazos de cartas como en obras pictóricas y literarias. Los vínculos entre el tarot y el Surrealismo son amplios y complejos desde la conformación misma de dicha vanguardia histórica. En este trabajo, el caso de estudio es el mazo creado por Salvador Dalí, Dalí Tarot (imagen 01), una de las últimas producciones artísticas de uno de los representantes más destacados del movimiento.

El presente análisis propone una aproximación crítica al Dalí Tarot, tomando como marco teórico las nociones de movimiento centrípeto y movimiento centrífugo, así como las tres distancias analíticas —micro, medium y macro— formuladas por Daniela Koldobsky, las cuales permiten comprender con mayor precisión la tensión entre ambos movimientos. Según la autora, no es posible pensar el arte moderno, ni tampoco el contemporáneo, sin atender a estos movimientos.

En este sentido, cabe preguntarse: ¿de qué manera se vincula el Dalí Tarot con las dinámicas que Koldobsky plantea? Y, a su vez, ¿es posible concebirlo como un dispositivo que habilite la reflexión tanto sobre la autonomía del arte como sobre el arte en cuanto sistema social?.

El tarot: estructuras simbólicas y tipologías de mazos

El tarot es un mazo de cartas en el que cada pieza posee un significado y una interpretación propios, pero que, al combinarse con otras, modifica su codificación individual para construir, en conjunto, un sentido mayor. La baraja completa consta de 78 cartas ilustradas, divididas en dos grandes grupos. El primero está conformado por 22 cartas denominadas arcanos mayores; el segundo reúne las 56 cartas restantes, los arcanos menoresLos arcanos mayores “representan simbólicamente aquellas fuerzas instintivas que operan de forma autónoma en la profundidad de la psique humana. Jung había dicho que el tarot era la representación pictórica de los arquetipos” (Nichols, 1982: 27). Los elementos arquetípicos componen la memoria colectiva, fruto de la transmisión hereditaria de la cultura.

Por su parte, los arcanos menores aluden a eventos arquetípicos de “menor importancia”, en tanto se vinculan con situaciones cotidianas y superficiales en comparación con la dimensión profunda de la psique evocada por los arcanos mayores (Nichols, 1982).

En síntesis, mientras que las imágenes de los arcanos mayores poseen una carga simbólica más rica, densa y compleja, los segundos representan aspectos ligados a la vida diaria y a la experiencia inmediata.

Así como resulta necesario segmentar las partes que conforman la baraja de tarot, también es preciso considerar la existencia de dos tipologías fundamentales de mazos: el tarot de Marsella y el tarot Rider-Waite —o simplemente tarot Rider—. En términos generales, el segundo puede entenderse como una derivación del primero: fue creado en 1910 por el ocultista Arthur Edward Waite e ilustrado por la artista Pamela Colman Smith . Mientras que este mazo cuenta con un autor intelectual, una autora material y una fecha precisa de realización, el Tarot de Marsella presenta un origen desconocido sobre el cual la mayoría de los estudiosos coinciden.

Tarot y Surrealismo: genealogías y prácticas simbólicas

“El único Tarot que vale es el de Marsella. Esas cartas intrigan, conmueven, mas nunca otorgan su intrínseco secreto. En una de ellas me he inspirado para escribir Arcano XVII” 

Dentro del Surrealismo, el tarot ocupó un lugar relevante como dispositivo capaz de articular azar y simbolismo, y de operar como vía de acceso a las dimensiones profundas del inconsciente. Entre sus estudiosos contemporáneos se destaca Alejandro Jodorowsky  —tarólogo, psicomago, dramaturgo y director de cine y teatro—, quien restauró uno de los primeros mazos del tarot de Marsella y sostiene que “el tarot forma frases por azar, porque el azar siempre tiene que ver con uno” (Escuela gratuita de Tarot Esencial, 2020, 00:51:00) . 

La afinidad entre el movimiento surrealista y el imaginario del tarot puede rastrearse en la creación, en 1940, del Jeu de Marseille (imagen 02), un juego de naipes ideado por André Breton junto con Wifredo Lam, Max Ernst, Jacqueline Lamba, Óscar Domínguez, Victor Brauner, Jacques Hérold, André Masson y Frédéric Delanglade. Aunque no alcanza la estructura completa del tarot tradicional, mantiene una estrecha relación con este.

Asimismo, varias figuras centrales del Surrealismo trabajaron de manera estrecha con el tarot. Leonora Carrington (1917-2011) diseñó en 1965 un mazo propio, mientras que Remedios Varo (1908-1963) incorporó en su producción artística de manera sistemática la simbología del tarot. Décadas más tarde, entre 1970 y 1980, Salvador Dalí elaboró un mazo completo. Desde sus orígenes, la vanguardia surrealista produjo un corpus diverso que dialoga con el tarot en múltiples direcciones.

Dalí

A lo largo de su vida, la producción artística de Salvador Dalí trascendió los límites de las artes visuales canónicas al incorporar en sus producciones múltiples disciplinas vinculadas con la cultura de masas. En el ámbito teatral escribió textos, diseñó vestuarios y decorados , además de supervisar músicas y coreografías. En el cine trabajó junto a Luis Buñuel y Alfred Hitchcock, y en 1975 integró el elenco de la fallida adaptación de Dune dirigida por Jodorowsky.

Asimismo, participó en la industria publicitaria —diseñó, entre otras piezas, el logotipo del chupetín Chupa Chups— y en la gráfica, como lo demuestran el periódico Dalí News  y diversas portadas para la revista Vogue. En el campo de la moda creó piezas icónicas como el sombrero-zapato, el traje-langosta y el vestido-esqueleto. También colaboró en proyectos fotográficos, encargándose de la puesta en escena para reconocidos fotógrafos. Su producción incluyó, además, joyería —como El ojo del tiempo— y mobiliario —como el célebre sofá-labios Los labios de Mae West—, entre otras propuestas que expanden los límites de su práctica artística .

Dalí tarot

Fue Albert Broccoli, productor de la primera película de la saga James Bond, Vivir y dejar morir (1973), quien solicitó a Salvador Dalí la creación de algunos arcanos para acompañar la trama del film y servir como aliados de uno de los antagonistas. Si bien el proyecto cinematográfico no llegó a concretarse, el artista sí avanzó en la realización de la baraja. Entre las décadas de 1970 y 1980 completó las 78 cartas (de 18,8 x 33 cm.), que conforman su tarot, inspirado tanto en el tarot de Marsella como en el tarot Rider.

Se trata de una de sus últimas obras. Se hacen presentes los objetos característicos de su universo simbólico, conformando lo que él mismo denominó una “constelación paranoico-crítica” (Fiebig 2004:13): langostas, mariposas, bastones y, de manera destacada, el célebre reloj blando de La persistencia de la memoria (1931). Esta obra aparece en la primera carta del mazo el arcano I, El Mago  (imagen 03), donde el propio Dalí se sitúa en el centro de la escena asumiendo ese rol, pero también el de Cristo, dado que la mesa de este arcano fue tomada de otra de sus obras, La última cena (1955). Además, detrás del personaje de Dalí-Mago se encuentran retratadas las arcadas de la Sainte Chapelle de París (Fiebig 2004:176).


Así como lo muestra la primera carta del mazo, la mayoría de las imágenes fueron realizadas mediante la técnica del collage, un procedimiento que le permitió a Dalí reutilizar y resignificar, además de las propias, fragmentos de obras de distintos autores y períodos históricos. Por citar algunos ejemplos: la Reina de Bastos (imagen 04), representada a partir de un retrato de María Antonieta realizado por Marie Louise Élisabeth Vigée Lebrun (1783), presenta alrededor de su figura un árbol y pájaros, así como, en la parte inferior, un perro que corre a su encuentro meneando la cola; 




el Caballero de Copas (imagen 05), donde el retrato ecuestre de
Napoleón cruzando los Alpes (Jacques-Louis David, 1801) está ubicado como flotando dentro del contorno del perfil de una cabeza femenina con un mentón pronunciado;

y el Nueve de Espadas (imagen 06), que incluye una imagen de la escultura de Bernini El éxtasis de la beata Ludovica Albertoni (1675) y, sobre ella, la cantidad de espadas que indica el nombre de la carta, acompañada por un ángel y una golondrina, ambos presentes también en otra de las cartas (el As de Espadas).

El gesto de apropiación, resignificación e intervención constituye un punto de partida fundamental para analizar el mazo bajo las categorías de movimiento centrípeto y movimiento centrífugo, entendidas como la autonomía del arte y al arte como praxis vital inmersa en lo social, respectivamente.

Solo nueve de las 78 cartas son producciones originales. Menos una todas ellas arcanos mayores: La Sacerdotisa, El Emperador, El Carro, La Muerte, La Templanza, El Diablo, La Luna, El Mundo y el arcano menor Rey de Oros(imagen 07).


Movimientos centrípetos y centrífugos y las tres distancias analiticas: marco teórico y lecturas aplicadas

Como he señalado, el tarot constituye una disciplina afín al Surrealismo. El marco teórico para la aproximación crítica al mazo de Salvador Dalí, son las nociones de movimiento centrípeto y movimiento centrífugo desarrolladas por Daniela Koldobsky en Un efecto de las vanguardias (2008) y Dos miradas sobre la historia del arte: las vanguardias artísticas entre Eric Hobsbawm y Walter Benjamin (2011). También recurro al texto La performance y la afirmación del arte como sistema social (2021) de la misma autora en donde distingue las tres perspectivas de análisis propuestas por José Luis Fernández: micro, medium y macro. La dimensión micro, centrada en los fenómenos en sí, es decir, las obras; la medium, referida a las mediaciones entre obra y contexto, y al intercambio y la circulación; y la macro, vinculada al sistema del arte y su función en la vida social.

La conclusión de este último texto es que la tensión entre el movimiento centrípeto y el centrífugo solo puede entenderse al diferenciar las tres perspectivas de análisis, para ello analizó el evento performático Vivo Dito de Alberto Greco, llevado a cabo al principio de los sesenta, en el cual el artista realiza un círculo con tiza alrededor de una persona u objeto mientras un fotógrafo toma registro de dicho señalamiento único y fugaz  y la performance, también realizada en la vía pública, Disculpe usted ¿podría coreografiarme? de Laura Kalauz (2010), donde transeúntes ocasionales son filmados indicando diversos movimientos a la bailarina (Florencia Vecino), cuestionando la expertise de la hacedora. 

En Un efecto de las vanguardias Koldobsky discute la posición sostenida por Eric Hobsbawm —aunque no es el único autor— en su conferencia A la zaga. Decadencia y fracaso de las vanguardias del siglo XX (1999), sobre el supuesto “fracaso” de las vanguardias en las artes visuales. Según Koldobsky, este “fracaso” ha contribuido, en realidad, a redefinir la noción misma de arte, ya que sus fronteras se expandieron mediante la exploración de nuevos modos de producción y, en consecuencia, de nuevos sentidos. La tensión entre la autonomía y la no autonomía del arte no solo provocó la ruptura de la mímesis —esa “ventana abierta al mundo”—, sino también de la concepción de la obra de arte como objeto único producido manualmente.

En Dos miradas… Koldobsky retoma su discusión con Hobsbawm, pero esta vez en torno al concepto de historia lineal y la idea del arte como testigo de su época. Para contraponer esta visión, introduce el concepto del relámpago de Walter Benjamin (1982), que remite al momento en que se rompe el continuum histórico. Los movimientos centrípeto y centrífugo permiten dar cuenta de los fragmentos que se toman de épocas pasadas que, como relámpagos, irrumpen en el presente, rompiendo dicho continuum. De este modo, habilitan la reflexión tanto sobre el arte como autonomía —el arte sobre sí mismo— como sobre su inmersión en la praxis social, resignificando las obras al retirarlas de su soporte original y hacerlas circular por otros medios.

Según Koldobsky, no es posible pensar el arte moderno ni el contemporáneo sin atender a la tensión entre estos dos movimientos en donde se ponen en relación con las tres distancias analíticas citadas anteriormente.

En este sentido, la presencia de la firma de Salvador Dalí en cada una de las 78 cartas constituye un gesto clave para comprender el estatuto artístico del mazo. La firma no solo valida cada imagen, sino que la inscribe en la tradición moderna de la autoría individual, reforzando su lugar dentro del sistema del arte más que dentro de la práctica esotérica. Este gesto intensifica el movimiento centrípeto, al operar como dispositivo de autonomía y legitimación dentro del campo artístico. A la vez, contrasta con las operaciones de collage y apropiación presentes en numerosas cartas, que movilizan dinámicas centrífugas al incorporar materiales visuales provenientes de períodos históricos y contextos culturales diversos. 

De este modo, el Dalí Tarot se configura como un dispositivo híbrido, sostenido por la tensión entre afirmación autoral y utilización de imágenes preexistentes, ya que en él conviven dimensiones centrípetas y centrífugas. Algunas cartas muestran una correspondencia más clara con la autonomía del arte; otras se vinculan estrechamente con la praxis social; y un tercer grupo oscila entre ambos polos sin adscripción definitiva.

El vaivén presente en el Dalí Tarot

Koldobsky sostiene que las vanguardias introdujeron nuevas formas de pensar lo artístico, así como las cuestiones de periodicidad e historicidad. Por ello, es posible concebir la historia como no lineal; la autora propone entenderla como un fenómeno de vaivén que recupera obras del pasado. Nuestro caso de estudio constituye un ejemplo claro de esta propuesta.

El Dalí Tarot se nutre de obras anteriores, reconocibles de períodos previos a su elaboración. Un ejemplo de ello es la carta del arcano XVII, La Estrella (imagen 08), cuya figura central procede de la pintura La Fuente de Jean Auguste Dominique Ingres (1856). Esta obra del período neoclásico es recortada de su contexto original y reubicada sobre un fondo de tonos celestes que fusiona el cielo estrellado con el agua que fluye bajo los pies de la joven, mientras una serpiente enmarca la escena hasta llegar a la firma del autor.

Otro ejemplo es la carta de la Reina de Copas (imagen 09).


La imagen central corresponde al retrato de Isabel de Austria, reina de Francia, realizado por François Clouet entre 1554 y 1592. Dalí recorta la figura y la sitúa en el centro de la carta sobre un contorno negro que desborda junto a los elementos adicionados (como la copa y la corona). ¨Lo que a primera vista parecen cabello despeinado y dos muletas, al mirarlo más de cerca, se convierten en arterias y venas¨ (Fiebig 2004:92) que emergen de los bastones ubicados detrás de ella, elementos que forman parte indiscutible del universo daliniano. Agrega Fiebig en el libro que acompaña el mazo (2004) que la corona de la reina recuerda a la cúpula de la Basilica di San Pietro en Roma. En la obra original, una mano se apoyaba sobre la otra, pero en la carta se encuentra debajo de la mano visible una copa o cáliz. El rostro de la reina ha sido intervenido. Presenta bigotes y una pequeña barba que remiten al ready-made de Marcel Duchamp, L.H.O.O.Q. (1919), basado en la Mona Lisa de Leonardo da Vinci (1503). 

En conclusión, el pasado irrumpe como un relámpago que atraviesa la historia no sólo mediante el retrato renacentista, sino también mediante el gesto que evoca al Dadaísmo, evidenciando la compleja interacción entre referencia histórica y apropiación artística en el Dalí Tarot.

Micro, médium y macro: escalas de análisis aplicadas al mazo

En la perspectiva micro, un caso ilustrativo es el uso de la firma del artista, que no solo permite comprender el estatuto artístico del mazo, sino que además aparece en algunas cartas como parte constitutiva del relato visual. En el arcano VII, El Carro (imagen 010), se observan dos firmas —una de mayor tamaño y otra más pequeña— que funcionan como marcas del recorrido del vehículo, enfatizando tanto la noción de avance como la idea de distancia.


Esta carta, una de las pocas elaboradas por Salvador Dalí para el mazo, presenta al conductor de espaldas , tal como señala Johannes Fiebig (2004). A partir de este dato, puede inferirse que la firma de menor tamaño actúa como punto de llegada dentro de la composición Si bien su posición retoma ciertos principios de la perspectiva renacentista, al mismo tiempo desestabiliza cualquier organización que resulte externa a la lógica interna de la carta. En este sentido, la firma opera simbólicamente como un lugar de convergencia del desplazamiento sugerido por ambas inscripciones, que funcionan no solo como rúbricas reiteradas —ya sea duplicando la firma, tensionando la noción moderna de autoría o incluso parodiándola—, sino también como marcadores espaciales dentro del dispositivo visual. En el arcano IX, El Ermitaño (imagen 011), la firma de Dalí se sitúa sobre la cabeza de la figura —tomada del retrato de Luca Pacioli realizado por Jacopo de' Barbari en el quattrocento—, exactamente sobre una suerte de corona de joyas. Esta ubicación funciona como culminación del proceso de iluminación asociado a Luca Pacioli  —figura histórica que aquí opera también como arquetipo—, de modo que la firma no solo completa la imagen, sino que adquiere, además, un valor simbólico propio dentro de la composición.

En la perspectiva medium, que contempla el intercambio entre producción y reconocimiento, un caso representativo es el arcano I, El Mago (imagen 03). El Dalí Tarot se inicia con una carta en la que el propio artista ocupa el centro de la composición, constituyéndose en representación visual no solo de los atributos que este arquetipo encarna —el creador, el poder de la acción y la energía que inaugura el recorrido narrativo del mazo—, sino también del mazo mismo, cuyo nombre (Dalí Tarot) remite directamente a la figura del artista. Además de su figura, la carta incorpora su firma y un reloj blando en el borde de la mesa, uno de los motivos más emblemáticos de su iconografía. 

Esta autorrepresentación se refuerza, a su vez, en el frente de la caja contenedora del mazo, donde la imagen del Dalí-Mago vuelve a aparecer, consolidando la centralidad del artista dentro del dispositivo visual y simbólico.

Asimismo, la postura del Dalí-Mago —con los brazos cruzados— introduce un matiz que puede leerse desde la perspectiva micro , dado que se aparta de la iconografía tradicional del Mago, quien suele sostener la varita en alto con uno de sus brazos (imagen 012),


En suma, desde la perspectiva medium, la carta de El Mago evidencia las huellas de la enunciación autoral: la autorrepresentación de Dalí, la inclusión de su firma y de motivos emblemáticos de su iconografía, así como su reproducción en el frente de la caja contenedora, configuran un modo de ingresar al mazo. Estas decisiones de producción sitúan al artista como mediador explícito entre la obra y su instancia de reconocimiento, estableciendo un contrato de lectura que orienta la interpretación desde el inicio del recorrido.

Por último, el Dalí Tarot, en tanto objeto físico destinado a la compra, la colección o la práctica de lectura adivinatoria, se inscribe dentro de la perspectiva macro. Cada carta puede entenderse como una obra artística de pequeño formato, potencialmente enmarcable y exhibible, lo que amplía su campo de circulación más allá de su uso esotérico. No es un dato menor que el mazo se comercialice en dos ediciones de lujo: una presentada en una caja de terciopelo violeta con detalles en dorados, publicada por la editorial Taschen (imagen 013), y otra es una versión cuyas cartas tienen el canto dorado (imagen 014). Estas decisiones de packaging y diseño refuerzan su carácter objetual y coleccionable. El mazo, de este modo, desborda su función práctica e ingresa en circuitos artísticos, editoriales y comerciales, configurándose como un artefacto cultural complejo cuya materialidad habilita múltiples modos de reconocimiento.



Conclusión

El Dalí Tarot constituye un ejemplo paradigmático de convergencia entre tradición y experimentación artística: inspirado en los tarots de Marsella y Rider, reinterpreta imágenes de distintos períodos históricos e integra motivos de la iconografía daliniana para construir un universo visual propio. Por esta razón, es posible concebirlo como un dispositivo que habilita la reflexión propuesta por Daniela Koldobsky: desde su perspectiva teórica, el mazo encarna la tensión dinámica entre la autonomía del arte y su funcionamiento como sistema social —los movimientos centrípetos y centrífugos, respectivamente— que, por un lado, llevan a la obra hacia la autorreferencialidad y la introspección formal y, por otro, la proyectan hacia la praxis social, la circulación ampliada y la relectura de materiales culturales preexistentes.

La aplicación de las perspectivas micro, medium y macro permite precisar cómo estos movimientos operan en el Dalí Tarot: desde las variaciones iconográficas internas de las cartas, pasando por las huellas de enunciación presentes en la autorrepresentación del artista, hasta las decisiones editoriales y comerciales que amplían su campo de reconocimiento. La particularidad del mazo radica en que Dalí recontextualiza obras preexistentes dentro del marco iconográfico del tarot, generando desplazamientos de sentido que activan simultáneamente la memoria colectiva y su propio repertorio simbólico.

En conjunto, el Dalí Tarot no solo reactualiza la histórica relación entre Surrealismo y tarot, sino que se configura como un dispositivo complejo que articula tradición, cultura popular y creación autoral, estableciendo un diálogo sostenido entre pasado, presente y futuro.


Referencias bibliográficas

Díaz Canseco, M., El tarot: del dilema a la metáfora. Ed.: Alejandro Beltrán, 2016. 

Fiebig J., The Salvador Dali Tarot, Cesano Boscone. Ed: Eurolitho, 2004

Jodorowsky, A. y Costa M., La vía del tarot. Buenos Aires. Ed: DeBolsillo, 2004.

Koldobsky, D. “Un efecto de las vanguardias”, en revista Figuraciones nº4: “Las muertes de las vanguardias”, Área transdepartamental de Crítica de Artes, IUNA www.revistafiguraciones.com.ar, 2008

Koldobsky, D. “Dos miradas sobre la historia del arte. Las vanguardias artísticas entre Eric Hobsbawm y Walter Benjamin”. VIII Jornadas Nacionales de Investigación en Arte en Argentina, https://sedici.unlp.edu.ar/, http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/38443 , 2011.

Koldobsky, D. "La performance y la afirmación del arte como sistema social". En Rozenmacher, L. (compilador) Espacio y performance. Poéticas, prácticas, acciones e intervenciones en la escena estético-política argentina hoy. Buenos Aires: Ediciones UNGS. 2021.



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